Durante su estancia en Manresa, San Ignacio experimentó un intenso proceso de aprendizaje, purificación, iluminación y vivencias fundantes que transformaron profundamente su interior y dieron origen a la espiritualidad ignaciana. Es en este mismo escenario donde los participantes han podido, durante una semana, detenerse, escuchar y profundizar en la propia vida, dejándose inspirar por el camino ignaciano.
UN RECORRIDO POR LA MANRESA IGNASIANA
La semana combinó espacios de oración e interioridad con salidas para descubrir lugares significativos del paso de San Ignacio por la ciudad. Los participantes recorrieron el Pozo de la Luz, la Capilla del Rapto, el Pozo de la Gallina, la Basílica de la Sede, la Torre de Santa Caterina y el entorno del río Cardener, entre otros espacios que forman parte del legado ignaciano y que ayudaron a conectar historia y experiencia personal.
Este recorrido permitió conectar los momentos vitales de Ignacio con el propio proceso personal de cada participante.
SILENCIO, PALABRA Y COMUNIDAD
Las actividades de la semana alternaron lecturas compartidas de pasajes bíblicos, meditaciones guiadas, ratos de silencio profundo, momentos de paseo, lectura de fragmentos de la Autobiografía de San Ignacio y espacios de compartir vivencias en un ambiente de confianza y comunidad. Todo esto creó un clima que permitió a cada persona revisitar su propio proceso vital desde el corazón.
La semana fue conducida por los conciliarios de la FJE, Alexis Bueno SJ y Elisenda Suárez, que acompañaron al grupo con sensibilidad, humildad y proximidad.